Complejo respiratorio – ERB , Con Sentido Vacuno

Virus en enfermedades respiratorias: ¿cómo detectarlos?

Las enfermedades respiratorias son las principales infecciones que afectan al ganado bovino. Se estima que la morbilidad puede ir desde un 10% a un 50% dependiendo de la edad de los animales afectados, su estado inmune y la naturaleza de la enfermedad (Radostis, 2007).

En este post vamos a analizar los cuatro principales virus responsables de las enfermedades respiratorias: Virus Respiratorio Sincitial, Parainfluenza, Rinotraqueítis Infecciosa Bovina y Diarrea Vírica Bovina.

Virus Respiratorio Sincitial (VRSB)

Posiblemente es el virus que más problemas respiratorios produce en las explotaciones, sobre todo de octubre a abril, aunque pueden darse brotes en cualquier época del año (Radostits et al, 2007).

El Virus Respiratorio Sincitial causa enfermedades como rinitis, traqueítis, bronquitis, bronquiolitis o neumonía intersticial leve. Normalmente los síntomas son: tos no productiva, disnea, descarga nasal, fiebre entre 40 y 42ºC, anorexia y, en vacas, un descenso severo de la producción (Radostis et al, 2007).

Para prevenir, lo mejor es optar por vacunas vivas que activen la inmunidad celular y la humoral. Estas impulsarán la respuesta Th1, lo que hará que se activen otro tipo de células (T CD8+ citotóxicas) que serán las encargadas de perforar las células infectadas por el virus e inyectar proteínas que las destruyan.

Virus PI3 (Parainfluenza)

Históricamente se ha considerado un problema menor dentro de los virus asociados al Síndrome Respiratorio Bovino. Sin embargo, en el estudio realizado por Zoetis, su prevalencia en los rebaños es cercana al 90% (Sanmartin et al, 2017). El tipo de lesiones que produce, hace que lo podamos considerar uno de los factores predisponentes más importantes para la entrada de otros virus y bacterias. 

Normalmente afecta a los animales más jóvenes produciendo descargas nasales y oculares, fiebre y aumento del ritmo respiratorio. No produce trastornos severos pero, como el virus se multiplica en las células del sistema inmune (macrófagos), provoca una disminución de la respuesta inmune contra agentes bacterianos. Esto facilita la infección de otros virus y bacterias como Mycoplasma Bovis y Mannheimia haemolítica.

Al igual que el VRSB, las vacunas vivas atenuadas consiguen mejores tasas de protección que las inactivadas. Sin embargo, lo más importante es prevenir la enfermedad cuanto antes. Para ello, las vacunas intranasales – que se pueden aplicar a partir del noveno día de vida–, son la mejor herramienta para conseguir una protección eficaz. Además de no interferir con los anticuerpos calostrales, producen una concentración alta de  interferón e Ig A en la vía de entrada de los virus respiratorios.

Rinotraqueítis Infecciosa Bovina (IBR / BHV-1)

El IBR se caracteriza por ser altamente contagioso y por su capacidad de producir infecciones latentes. Es decir, una vez que el animal se infecta, este virus se puede acantonar en el sistema nervioso y vivir de manera oculta hasta que las defensas del organismo disminuyan. En ese momento los virus se replican y producen una nueva infección.

Cuando los animales se infectan por primera vez aparece febrícula, apatía y anorexia. En caso de que el virus entre por secreciones nasales y oculares, aparecerá  un cuadro respiratorio cuyos síntomas serán: tos, secreción nasal, rinotraqueítis y conjuntivitis. En vacas gestantes, el virus puede alcanzar el ovario, la placenta o el propio feto, causándole la muerte con reabsorción o el aborto.

En cuanto a la vacunación, en el caso del IBR, existe la posibilidad de utilizar vacunas marcadas que diferenciarán los anticuerpos vacunales de los producidos por el virus campo. Si el riesgo de infección en la explotación es alto, la vacunación podrá empezarse a partir del día 15, con vacunas intranasales de IBR. Si lo que se busca es controlar la enfermedad, habrá que empezar el protocolo a partir de los 3 meses de vida del animal.

Diarrea Vírica Bovina (BVD)

Se trata de una enfermedad infecto-contagiosa distribuida por todo el mundo causada por el virus BVDV tipo 1 y 2, que causa múltiples problemas en las explotaciones. La infección por el virus puede provocar síntomas comunes (fiebre, falta de apetito, letargia); afectar a los sistemas respiratorio, reproductor y digestivo; y causar inmunodepresión.

El BVD apenas crea síntomas respiratorios, sin embargo, su acción inmunodepresora facilita la entrada de otros microorganismos.  En vacas gestantes, también puede atravesar la barrera placentaria e infectar al feto, provocando muertes embrionarias, abortos espontáneos y mortalidad perinatal.

Es muy importante destacar su capacidad de provocar el nacimiento de animales persistentemente infectados (PI) que a menudo pueden pasar desapercibidos y que, junto a la compra de animales con infección aguda, constituyen la fuente de infección para el rebaño.

En todos y cada uno de los virus de los que hemos hablado, su control pasa por aplicar un buen plan vacunal en los rebaños desde las edades más tempranas (tres meses de edad) para conseguir, cuanto antes, un buen estado inmunológico del animal.